Agorafobia

La Agorafobia es el miedo a lugares o situaciones donde escapar puede ser difícil (o embarazoso), o en el caso de que me encuentre mal, no se puede obtener ayuda inmediata. Habitualmente aparece después de que se hayan producido crisis de ansiedad, aunque puede producirse también sin ellas.

Llamamos crisis o ataques de pánico, a la aparición repentina de miedo o malestar intenso, acompañado de una o más sensaciones internas como: palpitaciones, taquicardia, sudor, temblores, sacudidas, ahogo, opresión en el pecho, mareo, sequedad de boca, sensación de que percibes las cosas o te percibes a ti mismo en forma extraña, etc. Estas crisis se acompañan de una sensación de intenso peligro o de muerte inminente y de una urgente necesidad de escapar. En el momento de la crisis, la persona que la sufre cree que está a punto de morir, de perder el control o de volverse loca.

Y ¿por qué ocurre? Pues, porque interpretamos como peligrosas sensaciones que en un principio pueden ser debidas a causas completamente inofensivas, al notar esos síntomas creemos que son la señal de que algo terrible está a punto de ocurrir. Esto hace que se ponga en marcha el sistema de alarma que, supone un aumento del miedo y de las sensaciones internas. Ese aumento de miedo y de sensaciones, se interpreta como prueba de que algo malo está ocurriendo, dando lugar al círculo vicioso del pánico.

Tras el primer ataque de pánico es frecuente que haya un temor a que algo parecido vuelva a suceder, porque uno no termina de comprender qué ha sucedido ni qué lo ha provocado. A parte de temer que aparezcan esos síntomas, también de forma típica, la persona comienza a evitar algunas situaciones, por si aparece la crisis o para que no aparezca. El problema es que no son las situaciones en sí las que provocan las crisis, sino el miedo a unas sensaciones físicas concretas, por lo que la ansiedad puede reaparecer, y si se elige evitar más y más situaciones, al cabo del tiempo es frecuente que uno se sienta seguro en muy pocos lugares. Aquí es donde comienza la agorafobia propiamente dicha.

Se evita estar solo dentro o fuera de casa, las concentraciones de gente, lugares con mucho ruido, grandes almacenes, centros comerciales, transportes públicos, puentes o ascensores. Si tienen que enfrentarse lo hacen con mucho temor y casi siempre acompañados de alguien de su confianza. Esta dependencia de otras personas puede llegar a generar importantes tensiones añadidas en las relaciones familiares. Si no se interviene con las estrategias adecuadas para que la persona retome su vida y pierda el miedo a las crisis de ansiedad este puede ser uno de los trastornos de ansiedad que más sufrimiento provocan.

La terapia cognitivo-conductual se ha demostrado muy eficaz en los casos de agorafobia. Trabajamos adaptándonos a cada caso, pero en líneas generales buscamos  intervenir sobre los pensamientos que disparan la respuesta de ansiedad, afrontar las sensaciones y dotar de estrategias de afrontamiento que permitan a la persona enfrentarse a las situaciones temidas de forma gradual.