Agresividad

La agresividad es una de las emociones básicas, todos la hemos sentido alguna vez; es la emoción que surge cuando se percibe una situación nociva y se cree que se puede cambiar o eliminar.

Sin embargo, si la utilizamos de forma indiscriminada para resolver conflictos, puede convertirse en un serio problema en nuestras relaciones.

La agresividad se dispara de forma automática ante determinadas situaciones, en general frente a las que interfieren con nuestros objetivos. Como toda emoción tiene una función, en este caso preparar al cuerpo para el esfuerzo necesario para vencer el obstáculo que se ha presentado.

El problema con esta emoción puede surgir de diferentes formas:

La conducta violenta puede ser un medio para conseguir determinados objetivos cuando no somos capaces de lograrlos por otros métodos. En este caso nuestra conducta responde a un déficit de habilidades y puede mejorar adquiriéndolas.

Cuando hemos aguantado demasiado y saltamos por algo sin importancia. En realidad reaccionamos a todo lo que nos ha ocurrido previamente. Como nuestra reacción se considera desmesurada, tenderemos a reprimirnos y aguantar más, en consecuencia nuestra siguiente reacción violenta será mayor y seguiremos en ese círculo vicioso. Para salir de ese círculo vicioso el camino no es aguantar más, sino poder reaccionar de forma inmediata a los problemas y frustraciones. En ese caso la reacción es más adecuada y comedida porque las razones que nos llevan a reaccionar serán muchas menos.

Otro problema puede surgir cuando nosotros interpretamos que existe un ataque y una dificultad que no es vista de la misma forma por los demás. Este problema suele ocurrir cuando reaccionamos ante las intenciones de los demás en lugar de reaccionar ante los hechos explícitos. El juicio de intenciones es la causa más frecuente que nos puede llevar a tener reacciones violentas desmesuradas y desproporcionadas.

También nos genera mucho malestar si aparece con mucha frecuencia, ya que esto querrá decir que nos estamos dejando llevar por una excesiva exigencia hacia los demás, y que nuestra agresividad es poco útil, ya que hay situaciones que no está en nuestra mano cambiar.

El trabajo psicológico con la agresividad se encamina hacia una reevaluación cognitiva de la situación, valorando si los pensamientos que están generando la emoción se ajustan a la realidad o son producto de una excesiva rigidez a la hora de analizar el entorno. Se trabajan también otro tipo de habilidades, si fuera necesario en cada caso; como fomentar habilidades que nos ayuden a defender nuestros derechos, aprender a comunicar nuestras emociones de manera más útil y aceptar las situaciones cotidianas que no podemos modificar sin llenarnos de ira por ellas.