Ansiedad social. La timidez

Se suele decir que la timidez es el deseo de caer bien y el temor de no conseguirlo, sin ser una definición científica sí es bastante acertada, como vamos  a ver.

En psicología se describe la ansiedad social como el miedo irracional a las situaciones en las que uno vaya a ser juzgado por los demás, debido al temor de ser juzgado negativamente.

No es que los términos ansiedad social y timidez sean equivalentes, cuando hablamos de ansiedad o fobia social nos referimos  a un temor acusado y persistente, que surge cuando la persona tiene que enfrentarse a las situaciones sociales. Este temor hace que haya interferencias notables en su vida; ya sea porque sufren grandes niveles de ansiedad ante situaciones sociales, o porque las evitan para no sentirse mal.

Cuando nos referimos a timidez lo habitual es que la ansiedad no sea tan intensa y no haya una gran interferencia en la vida de la persona.

Hay muchas razones por las que una persona puede llegar a temer las situaciones sociales, lo que preocupa es hacer el ridículo o algo inconveniente y como consecuencia sufrir el rechazo de los que nos rodean. En cierto modo este temor es algo habitual, en realidad a nadie le gusta encontrarse con el rechazo o la burla de un grupo de personas, pero los problemas empiezan cuando empezamos a dejar de hacer cosas para evitar ese rechazo.  Por ejemplo, me preocupa hablar en público y siempre dejo que otro lo haga por mí; es cierto que si no actúo no voy a estar expuesto a la crítica en esa situación, pero tampoco voy a “aprender” qué sucedería si lo hiciera. Porque puede que hable en publico y aunque no lo haga perfecto nadie me critique, o puede que me salga tan bien que hasta me elogien, o puede que efectivamente me critiquen pero que me dé cuenta de que no es tan grave…

En definitiva, para acabar con la ansiedad social nos interesa afrontar las situaciones y no permanecer al margen, porque de ese modo nos daremos cuenta de que el rechazo no es ni tan frecuente, ni tan destructivo como creemos, y que sin embargo son bastante peores las consecuencias de dejarnos llevar por el miedo.

Si nos hemos acostumbrado a evitar muchas situaciones sociales habremos ido aumentando esos temores, puede que nos cueste enfrenarnos a cualquier situación social en que no haya personas de confianza: un nuevo trabajo, subir en el ascensor con un vecino, pedir información por la calle, ligar…

Es en estos casos en los que los temores sociales empiezan a convertirse en un verdadero problema y generar muchísimo malestar, así como inseguridades. Llegados a este punto, una terapia adecuada puede servir de ayuda para saber cómo y cuando empezar a afrontar las situaciones sociales.

La clave será aprender a manejar la ansiedad que surge en esos momentos, no hay una fórmula mágica para gustarle a todo el mundo y prevenir los rechazos,  no caerle bien a algunas personas es algo natural, aunque nos hayamos acostumbrado a pensar en ello como algo “terrible”. Relacionarse con la idea de complacer a todo el mundo es una carga de ansiedad, nos empuja a no ser nosotros mismos, sino a amoldarnos a lo que creemos que prefieren los demás, eso hace que nos sintamos incómodos y que no  nos ocupemos de los verdaderos objetivos en una situación social, como comunicar lo que queremos o escuchar. Por eso es importante empezar a olvidarnos de lo que los demás puedan pensar, centrarnos en ser nosotros mismos y disfrutar de la situación, todo esto  es posible si se pierden los temores sociales.

Como en cualquier otro tipo de ansiedad, la forma de acabar con los miedos sociales es empezar a afrontar aquellas situaciones que nos preocupan, esos afrontamientos se complementan con un trabajo de lo pensamientos que nos limitan a la hora de relacionarnos (“vas a meter la pata” “No lo digas es una tontería” “todos se dan cuenta de que estás nervioso”). Con frecuencia tendremos también que trabajar para afianzar la autoestima que suele verse mermada en estos casos.