Baja autoestima

Nos hemos acostumbrado a oír hablar de la autoestima y de la importancia que tiene para nuestro bienestar, pero puede que no tengamos claro en qué consiste exactamente.

La autoestima no es más el concepto que tenemos de nuestra valía y se basa en todos los pensamientos, sensaciones, experiencias y observaciones que sobre nosotros mismos hemos ido recogiendo durante nuestra vida; gracias a todo ello nos calificamos como sociables o antipáticos, listos o tontos; en definitiva nos gustamos o no. Los millares de impresiones, evaluaciones y experiencias así reunidos se aúnan en un sentimiento positivo hacia nosotros mismos o, por el contrario, en un incómodo sentimiento de no ser lo que esperábamos.

Es frecuente que se relacione la baja autoestima con los trastornos del estado de ánimo como la depresión, sin embargo en realidad no es exclusiva de ningún trastorno. En ocasiones se considera como una de las causas de problemas conductuales, en otras solo sintomatología principal, en muchas otras como sintomatología asociada y por último consecuencia de algún problema psicológico.

Las consecuencias de tener una autoestima baja son múltiples: falta de seguridad a la hora de relacionarse, deseo constante de aprobación, sentirte inútil, evitar comprometerte por temor a no dar la talla; en definitiva supone una carga de ansiedad y puede limitar mucho nuestra vida.

Uno de los principales factores que diferencian al ser humano de los demás animales es la consciencia de si mismo: La capacidad de establecer una identidad y darle un valor. En otras palabras, tú tienes la capacidad de definir quién eres y luego decidir si te gusta o no tu identidad. El problema de la autoestima está en la capacidad humana de juicio. El juzgarse y rechazarse a sí mismo produce un enorme dolor, dañando considerablemente las estructuras psicológicas que literalmente te mantienen vivo.

Así que si te sientes identificado o sientes que no te reconoces tu valía en su justa medida no te resignes a ese malestar, porque no es ni mucho menos algo estable o que forme parte de tu personalidad, puede cambiarse si cambias los hábitos que has adquirido a la hora de valorarte. Empieza a prestar atención a cómo te hablas y no te permitas ser tan critico contigo mismo, cambiar esos hábitos no siempre es sencillo y quizás necesites la ayuda de un profesional; pero si trabajas en ello con constancia notarás la diferencia.

Cultiva el hábito de los pensamientos y sentimientos positivos.