Culpa

El sentimiento de culpa es una de las emociones responsables de provocar grandes sufrimientos, sin ser un trastorno en sí mismo, está en la base de muchísimas patologías y con frecuencia condiciona nuestros comportamientos y nos limita.

La culpa es una mezcla, una emoción compuesta por agresividad, ansiedad y tristeza. La ansiedad y la tristeza por las posibles consecuencias del comportamiento y agresividad hacia nosotros mismos, motivada por el deseo de cambiarlo, de haberlo hecho de otro modo. Como otras emociones tiene su utilidad, que no es otra que contribuir a nuestro respeto de las normas sociales y los códigos morales en que se nos ha educado. Por tanto la culpa no siempre juega en nuestra contra, sino que nos evita caer en errores que podrían traernos graves consecuencias, por ejemplo si incumplimos una ley, en estos casos nos ayuda a controlar nuestros comportamientos.

Sin embargo, cuando se nos han inculcado de forma estricta muchas normas diferentes, o códigos difíciles de mantener; la culpa comienza a convertirse en un problema, ya que llegamos a sentirnos culpables por haber cometido un error de poca importancia, porque alguien sufra…y por muchas circunstancias inevitables a lo largo de la vida.

Las personas que tienden a sentirse culpables suelen tener un alto nivel de exigencia consigo mismas, el perfeccionismo guía gran parte de sus comportamientos, de ahí que se exijan cumplir con todas las normas que creen correctas.

El problema de las normas es que no admiten excepciones, son inflexibles y nos exigen cumplirlas siempre y en determinadas circunstancias no nos sirven para tomar decisiones adecuadas, por ejemplo si en una situación nos encontramos ante dos normas contrarias.

Imaginemos a una persona con una prometedora carrera profesional que mantiene la creencia “Hay que ser un hombre de provecho”, pero al mismo tiempo cree que “la familia es lo primero”. ¿Qué norma elegirá respetar en el caso de tener que trabajar hasta muy tarde el día que cumple años su hijo? Si pretendiera respetar las dos normas, dudaría, trataría de cumplir en su trabajo y con su hijo, y al no conseguirlo y optar por cualquiera de las dos opciones terminaría por sentirse culpable. Como en este ejemplo, en muchas ocasiones normas no son útiles ya que su rigidez impide que se puedan aplicar a distintas situaciones de nuestro día a día.

Puede ser útil acudir a terapia si notamos que el sentimiento de culpa nos limita, nos impide tomar decisiones o nos está haciendo sufrir de modo innecesario por situaciones en que no somos los únicos responsables.

La terapia se basará principalmente en una buena evaluación que facilite dar con las estrategias adecuadas para trabajar los aspectos necesarios: creencias erróneas, perfeccionismo, inseguridades, baja autoestima…

De ese modo la persona aprende a conocer qué provoca su sentimiento de culpa, para de ese modo evitar bloqueos en las decisiones, no asumir su responsabilidad o emociones desproporcionadas.