Depresión

De todos lo trastornos relacionados con el estado de ánimo la depresión es el más conocido e incluso nos hemos acostumbrado a utilizar esta palabra con mucha frecuencia para describir estados de tristeza o desmotivación.

Según la clasificación diagnóstica DSM-IV-TR podemos hablar de trastornos del estado de ánimo cuando notamos 5 o más de estos síntomas durante un periodo de dos semanas, o dos o más síntomas si se llevan manteniendo alrededor de dos años:

Estado de de ánimo depresivo durante casi todo el día, sensación de haber perdido el interés o el gusto por casi todas las actividades, perdida o aumento de peso sin motivo aparente, insomnio o necesidad constante de dormir, sensación de fatiga o de falta de energía, sentimientos de culpa o sensación de fracaso, baja autoestima, pensamientos suicidas y sensación de agitación.

Si te sientes identificado con varios de estos síntomas puede ser que efectivamente estés deprimido, aunque es un profesional el que te podrá orientar y aclarar tus dudas.

La depresión es uno de los trastornos que mayor incomprensión genera, la sensación de la persona deprimida es la de que nadie puede comprender su sufrimiento, el esfuerzo que supone a veces realizar cualquiera actividad y lo culpable que uno se siente por encontrarse así. Otra de las ideas es que es un trastorno crónico de difícil solución, por lo que la sensación no puede ser más desesperanzadora, me siento fatal y además no hay solución.

La realidad de la práctica clínica y la efectividad que en los últimos años han tenido los tratamientos psicológicos contradice estos planteamientos, en cada caso la depresión aparece por diferentes causas, pero una terapia adecuada, individualizada y centrada en las necesidades de la persona deprimida es fundamental para volver a recuperar el bienestar. Y si la persona genera una rutina en aquellas estrategias que le son útiles para sentirse bien, va a notar una gran mejoría.

Lo habitual es que se trabaje en varios niveles aprendiendo a recuperar aspectos gratificantes de la vida, ganar seguridad ante situaciones nuevas, mejorar la autoestima, aceptar nuestros errores y aprender a conocer nuestros recursos. Si existen problemas concretos se trabajará para aprender a afrontarlos de un modo realista, buscando posibles soluciones y ejecutando diferentes estrategias que puede que se hayan perdido o que no se han intentado nunca porque las desconocías.