Fobias

No todos los miedos que sentimos pueden llegar a ser considerados fobias, para hablar de fobia a nivel psicológico se suelen tener en cuenta los criterios de Marks, se trataría de:

  • Es una respuesta de ansiedad desproporcionada a la situación que la produce y / o estar relacionada con estímulos que no son potencialmente peligrosos.
  • No puede ser eliminada racionalmente.
  • Está fuera del control voluntario.
  • Produce respuestas de evitación o huida ante la situación.

En pocas palabras podríamos definir la fobia como “el miedo intenso a un objeto o a una situación que la persona reconoce que no presenta, conscientemente, ningún peligro para él”. La Fobia es una respuesta de carácter claramente desadaptativo.

Hemos especificado que la fobia es una respuesta de ansiedad, y aunque es un concepto ampliamente utilizado es importante conocer qué es la ansiedad exactamente.

La ansiedad es una emoción más, su misión es poner nuestro cuerpo en alerta para afrontar un peligro, por eso cuando aparece notamos que la respiración y el corazón se acelera para dar más oxígeno a los músculos, notamos tensión en ellos; nuestro cuerpo está preparado para hacer frente al peligro luchando o huyendo.

En sí misma es una emoción útil y nos ayuda a sobrevivir, por ejemplo cuando antes de cruzar una calle oímos un frenazo brusco y nos quedamos paralizados, y en muchas otras situaciones. Sin embargo se convierte en un problema cuando empezamos a interpretar como peligrosas situaciones que no lo son tanto, y tendemos a evitarlas.

Las fobias suelen generarse porque ante una primera respuesta de ansiedad evitamos, y no dejamos que nuestro organismo descubriera qué sucedía en realidad y si existía el peligro; siendo así aprendemos a “asustarnos” ante esa situación y cada vez que nos encontremos con alguna situación similar nuestro cuerpo reaccionará con ansiedad.

En ocasiones las fobias se producen porque ha habido una experiencia desagradable, por ejemplo un perro te mordió de niño y ahora todos los perros te asustan. En otras ocasiones hemos aprendido a tener miedo a través de las experiencias de otras personas, por haberlo visto o simplemente porque nos lo hayan contado.

La clasificación DSM-IV clasifica las fobias en:

  • Tipo ambiental: Comprende las situaciones relacionadas con los fenómenos naturales, como las tormentas, los truenos, las aguas profundas, los vientos, las alturas o los precipicios, la oscuridad, etc.
  • Tipo situacional: Comprende situaciones o lugares específicos como estar en salones cerrados, o montar en ascensores, aviones, barcos, trenes, subterráneos, etc
  • Fobias a los animales: Aquí el repertorio puede ser muy amplio e incluye a diferentes tipos de animales, desde los animales domésticos (perros, gatos, pájaros) hasta insectos, arácnidos y otros animales, generalmente rechazados o considerados repulsivos, como las serpientes y los sapos.
  • Fobia a la sangre, a heridas o a los procedimientos médicos u odontológicos:: En la fobia a la sangre, la respuesta fóbica es algo particular, dado que primero se produce una estimulación simpática y después de un tiempo, sobreviene una respuesta parasimpática que puede llevar al desmayo.

La técnica que se ha mostrado más efectiva en el tratamiento de las fobias específicas es la exposición gradual en vivo, acompañado de un adecuado manejo de los pensamientos que garanticen un adecuado enfrentamiento a la situación.

Consiste en exponer a la persona a los estímulos que ha aprendido que le causan ansiedad, pero sin permitirle caer en los errores que le hicieron adquirir la fobia. Lo habitual es graduar por niveles de dificultad a qué situaciones nos vamos a enfrentar. Es útil porque afrontando la situación la persona comprueba que sus temores son infundados, haciendo inútil la respuesta de ansiedad que desaparece paulatinamente. Es importante conocer cómo aplicar estas técnicas y consultar con un profesional, sobre todo si se trata de fobias que se padecen desde hace mucho tiempo, o que generan niveles de ansiedad muy altos.