Las obsesiones

Entre los trastornos que más ansiedad e interferencia en la vida generan tenemos al trastorno obsesivo-compulsivo, es importante no caer en el error de considerar como obsesiones simples pensamientos, ni confundir las compulsiones con simples manías. Como siempre la decisión de consultar con un profesional e iniciar una terapia va a depender del grado de malestar y de las limitaciones que las obsesiones o compulsiones estén ocasionando.

Vamos a empezar por conocer qué son las obsesiones y las compulsiones, las obsesiones se definen como:

Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan, alguna vez durante la perturbación, como intrusivos e inapropiados, y causan ansiedad o malestar. Estos pensamientos no son simplemente preocupaciones excesivas sobre problemas cotidianos. Hay un intento por suprimir esos pensamientos o neutralizarlos con algún pensamiento o acción, y la persona reconoce que esos pensamientos son producto de su mente y no impuestos desde fuera.

Las compulsiones en cambio se caracterizan por:

Son conductas repetitivas (por ejemplo, lavado de las manos, orden, comprobación) o acciones mentales rezar, contar, repetir palabras) que la persona se siente impulsada a realizar en respuesta a una obsesión, o de acuerdo con reglas que deben aplicarse rígidamente. Estos comportamientos se realizan para neutralizar o reducir el malestar que provoca la obsesión o para evitar algún acontecimiento temido; sin embargo estas acciones no están conectadas de forma realista con aquello que quieren prevenir, o son excesivas. La persona reconoce que efectivamente son excesivas e irracionales pero siente un gran malestar si no puede realizarlas.

Teniendo en cuenta estas definiciones es importante entender el sufrimiento y la ansiedad que la persona siente ante los pensamientos obsesivos, es ese malestar el que le hace caer en comportamientos para aliviarlo, las compulsiones funcionan como un alivio a esa ansiedad. Pero al mismo tiempo mantienen el problema, haciendo que la persona se encuentre inmersa en un círculo vicioso de comportamientos ritualizados, que pueden llevarle gran parte de su tiempo y en los que, en ocasiones, acaba involucrando a las personas con las que convive.

¿Cómo alguien puede verse inmerso en este círculo vicioso?

Una obsesión, en un principio, no es más que un pensamiento neutro; todos hemos tenido alguna vez un pensamiento inquietante como “y si me dejo el gas abierto”, o “y si he dicho algo inconveniente”, pero acto seguido no le hemos dado más importancia y nos hemos centrado en otras cosas. Lo mismo no sucede con las compulsiones, ¿quién no ha vuelto alguna vez para comprobar si había cerrado el coche?

El paso entre estas situaciones habituales y el trastorno obsesivo-compulsivo, está en la importancia que le demos a esos pensamientos, es decir, es el miedo a hacer lo que siente o imagina lo que le lleva a la persona a pensar que está trastornado y a intentar neutralizar los pensamientos.

Al neutralizar el pensamiento, ya sea con una acción o con otro pensamiento; lo que sucede es que aunque el malestar disminuye, sigue dándole validez a la obsesión, provocando un mayor temor ante ella y por tanto, haciendo que sea más probable que aparezca cada vez con más frecuencia.

Al ser más frecuente el pensamiento obsesivo, cada vez las compulsiones tenderán a ser más repetitivas y todo este proceso puede llegar a convertirse en el centro alrededor del que gira toda nuestra vida.

Cuando la persona toma la decisión de acudir a terapia una de sus mayores preocupaciones es qué pensarán de ellos, ya que se sienten avergonzados al sentirse atrapados por las compulsiones o por el tipo de obsesiones que les preocupan.
Pero por extrañas que puedan parecerles sus compulsiones o sus obsesiones es importante reseñar que se trata de un problema mucho más frecuente de lo que se cree, ya que solo las personas con un mayor malestar son las que acuden a terapia.

En un principio el simple hecho de conocer lo que les sucede y de disipar el temor a haber perdido la cabeza es de gran ayuda, a partir de ahí el trabajo terapéutico se centra en romper la relación entre las obsesiones y las compulsiones, tratando de eliminar los rituales y las comprobaciones.

Es fundamental manejar las técnicas conductuales adecuadas dependiendo del tipo de obsesión y de compulsiones, también trabajaremos con diferentes técnicas cognitivas, para que la persona aprenda a no tratar de controlar absolutamente todo aquello que le rodea, ino a aceptar pequeños márgenes de duda en su vida.